CUANDO LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL SE EMPLEA SIN SUPERVISIÓN PROFESIONAL EN EL ÁMBITO DE LA JUSTICIA.
- Ángela Gutierrez Sanz

- hace 4 días
- 2 Min. de lectura

La Inteligencia Artificial ha llegado para quedarse y cada vez se usa más para redactar textos, buscar información o preparar documentos en cuestión de segundos. Esto también ocurre en el mundo del Derecho, pero dos casos recientes ocurridos en España centran hoy esta nueva entrada en el blog. En la Justicia no todo vale, y la IA no puede sustituir al sentido común ni a la responsabilidad profesional.
El primer caso se ha conocido en Canarias donde el Tribunal Superior de Justicia ha decidido investigar a un abogado después de descubrir que, en un recurso presentado citó varias sentencias del Tribunal Supremo y un informe oficial que no existían. Al revisar el escrito, los magistrados comprobaron que esas resoluciones no aparecían en ninguna base de datos jurídica y que las referencias parecían generadas automáticamente.
El propio tribunal apunta a que el abogado habría confiado en exceso en lo que le “sugería” una herramienta de Inteligencia Artificial, incorporando esas citas sin comprobar si eran reales. El resultado: un escrito lleno de referencias muy precisas que daban apariencia de rigor, pero que estaban basadas en información ficticia. Por este motivo, el TSJ ha abierto una investigación para determinar si el letrado actuó de forma negligente y si vulneró las reglas básicas de la buena fe procesal.
Lejos de quedarse en un caso puntual, la polémica se agrava con otro episodio todavía más impactante: un abogado ha denunciado a un juez ante el Consejo General del Poder Judicial tras verse perjudicado por una resolución que se apoyaba en sentencias inexistentes, atribuidas al uso de Inteligencia Artificial.
Según la denuncia, la resolución judicial utilizó argumentos y supuestas sentencias del Tribunal Supremo que no se pueden encontrar por ninguna parte. Inventadas. Lo más preocupante, según el letrado, es que esas referencias habrían sido asumidas sin comprobar su veracidad, provocando la inadmisión de un recurso y afectando directamente a su derecho de defensa. En palabras del propio abogado, las consecuencias de este tipo de prácticas son “devastadoras”, porque trasladan a los ciudadanos los errores derivados de un uso irresponsable de la tecnología.
Ambos casos reflejan el mismo riesgo: confiar ciegamente en la Inteligencia Artificial. Estas herramientas pueden ser útiles para orientarse o ganar tiempo, pero no piensan, no comprueban fuentes y, en ocasiones, “inventan” información con gran seguridad. Si ese contenido se utiliza en un proceso judicial sin una revisión previa, las consecuencias pueden ser graves.
La tecnología avanza a gran velocidad, pero la Justicia no puede permitirse atajos. El uso de la Inteligencia Artificial exige responsabilidad, revisión y sentido crítico. Por ello, la IA puede ayudar, pero no reemplazar el criterio profesional ni justificar errores que afectan a derechos fundamentales. Porque, también en la era digital y en la Justicia no todo vale.






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